Una experiencia en el santuario de O Corpiño

O seguinte é un dos artigos gañadores no I Certame literario Que agochas no Corpiño?

La primera vez que acudí al Santuario de O Corpiño no me podía imaginar todo lo que iba a suponer para mi aquel lugar en lo alto de una pequeña aldea del interior. Yo, que siempre había sido agnóstico, me vi obligado a madrugar un domingo, después de una larga noche ahogando hasta el amanecer las penas por mi inminente divorcio, en alcohol. Mi abuela había ofrecido alli, a más de 100 kms de nuestra casa, una misa por una razón que nunca me ha confesado y el aprecio le profeso me impidió negarme a llevarla.

La acompañé al interior ya que sus piernas acusan el paso de los años y de larga vida de trabajo. Esperaba sentarme y desconectar, pero como aprendí en el Corpiño, Dios tiene sus propios planes para cada uno.

Celebraba la misa un cura joven, que se dirigía a los asistentes con palabras accesibles e incluso humor, y decidí escuchar sus palabras. Habló de un fenómeno científico denominado microquimerismo, por el cual, las madres, cuando gestan a sus hijos, intercambian células con él e incluso después de nacer el bebé algunas de ellas permanecen para siempre en el cuerpo del otro, y por ello la conexión entre madres e hijos se mantiene toda la vida. Mi madre falleció cuando yo apenas sabía leer y nunca hasta ese momento me había sentido tan cerca de ella y en paz. Miré hacia la Virgen, la madre del Cielo como ella me decía cuando era niño y sentí, estupefacto, que allí estaban las dos, en esa preciosa imagen. Supe que jamás volvería a estar solo.

Salí y llamé a mi todavía mujer, llorando y la invité a cenar fuera de casa. Ha pasado un año desde aquel día. Ahora venimos siempre que podemos.

Pseudónimo: Sweet Ophelia

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